• Por Leonardo Strejilevich *

El cuerpo y el alma están estrechamente interconectados y el estado de salud de una persona se realiza a través de la armonía y el equilibrio. Estas ideas están relacionadas con la visión islámica de la medicina. En su intento de ver al hombre como un todo, como una sola entidad en la que el alma y el cuerpo están unidos, y al tratar de conectar al hombre con el ambiente cósmico total en el que vive, la medicina islámica permaneció fiel al espíritu unificador originario de las tradiciones médicas anteriores de Grecia, Persia e India.

El cuerpo tiene el poder de preservar y restaurar el equilibrio que caracteriza un estado de salud, ese poder de autoconservación que tradicionalmente se llama vis medicatrix naturae. El papel de la medicina se reduce a ayudar a que esta capacidad funcione correctamente y a eliminar cualquier obstáculo en su camino. El proceso de recuperación de la salud, por lo tanto, lo lleva a cabo el propio cuerpo, y las drogas son solo una ayuda para esta fuerza natural, que existe dentro de cada cuerpo y es una característica de la vida misma.

Maimónides, nacido en Córdoba, España, en 1138 (?), judío serfadí por nacimiento y educación temprana, rabino, filósofo, médico, líder comunitario pertenece a la escena española. Maimónides escribió diez obras de medicina, todas en árabe, la más famosa de las cuales es el Libro de los aforismos sobre medicina que, como sus otras obras, también se tradujo al hebreo.

Sobresalió como higienista; advirtió y profundizó en la importancia de la relación psique/soma, tuvo en alta consideración la presencia e influencia de factores emocionales y psicológicos en la génesis de las enfermedades, por todo ello y mucho más se lo señala como el precursor de la medicina psicosomática y la risoterapia (“la alegría mejora la salud”).

Maimónides tenía amplios conocimientos de lo que hoy se llama psiquiatría; caracterizó las psicosis y entrevió las causas orgánicas de los trastornos cerebrales como consecuencia de enfermedades del corazón.

Afirmaba que “una fuerte emoción provocada por factores externos puede causar serias alteraciones en la psiquis e influir negativamente sobre la salud física”.

La palabra “psicosomático” surgió en el siglo XIX acuñada por el médico Johann Heiroth en 1818 pero hacia el año 1000 dos médicos árabes Ahmed ibn Sahl al-Balkhi y Halx Abbas ya señalaban la influencia de la psiquis sobre el cuerpo.

Hay convencimiento apoyado en evidencias del vínculo entre psique –alma– y cuerpo y esto implica una concepción de la relación médico-paciente con métodos próximos a la psicología en el trato a los enfermos; a los médicos psicosomatistas se los puede definir como curadores o sanadores.

El término “psicosomático” fue utilizado por primera vez en 1920, por el médico alemán Félix Deutsch, si bien la medicina psicosomática se remonta a Hipócrates. El mismo Sócrates afirmaba: “no se puede curar el cuerpo sin el alma”.

Úlcera duodenal y gastritis hemorrágica, colitis ulcerosa, infarto de miocardio, hipertensión arterial, asma, alergias: alergias en piel, eczemas, psoriasis, hipertiroidismo/hipotiroidismo, obesidad precoz infantil, obesidad tardía, migraña son padecimientos con una elevada impronta psicosomática.


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